Help Me Eros

Por Raúl Martín
Sigmund Freud exponía en sus teorías y estudios sobre el sexo, que la persona dentro de su psique humana se dejaba llevas por dos impulsos gemelos que hacían que el ser humano actuase y viviese. Estos dos fueron nombrados con el nombre de dos deidades griegas: Eros y Thanatos. El primero pertenecía al impulso de amar, el desear al otro, el procrear como prolongación de la vida, mientras que al segundo le correspondía a la muerte, lo que provoca el dolor y se convierte en el martirio de todo ser humano.
No es de extrañar que de esta premisa, de esta idea, surja la segunda película como director del actor fetiche habitual del otrora laureado director Tsai Ming-Liang, que inequívocamente en esta hace las funciones de productor ejecutivo, y su mano e influencia hacen de Lee Kang Sheng un alumno aventajado por su parte que bien podía haber pertenecido como uan piedra angular más a la filmografía de quien sorprendió y escandalizó occidente con su El sabor de la sandía. El protagonista vuelve a estar encarnado una vez más por Lee, en un rol muy habitual en su filmografía, como Ah Jie, un hombre abocado a la soledad, refugiado en sus plantas de marihuana y que tras haber perdido todo su dinero en valores de bolsa, ve como su mundo se derrumba, como cae como esa Bolsa de valores, como su vida se suicida y él con ella. Ante este encuentro del Thanatos, decide llamar al teléfono de la esperanza, una línea que abrirá una realidad a parte, un contacto con otra realidad. Y es la aceptación de ese suicidio lo que le llevará a recurrir a pedirle ayuda a Eros, al sexo, al deseo de la otra persona que se encuentra en al otra realidad, al otro lado del teléfono.
Es ahí cuando los dos estados, Eros y Thanatos, se empujan, se golpean, en esa constante pugna en el psique humano que Freud llegó a denostar. Por lo que en la película elementos como convertir esa línea de teléfono de la esperanza en una línea caliente, según el imaginario del protagonista, quien después de haberse “suicidado” en su realidad anterior, acepta la realidad del otro lado, desconocido, y como nueva vida, inexistente compuesta de mujeres que le desean, de sexo entre luces de neón, carne de imagen pura y dura, representaciones de lo virtual, que es como se nos presenta la tienda regentada por bellas señoritas atractivas, ventanas de Msn por las que el protagonista se crea su propio modelo de su salvador, la oronda mujer recepcionista reconvertida en el psique del protagonista en una guapa y bella mujer a la que persigue.
Pero si el sexo es la representación de ese mundo virtual después de la muerte, como imagen o como existencia banal, es ese lenguaje que compone toda la filmografía de Tsai Ming-Liang, el humo está representado como un canal de comunicación: Aquí la marihuana no se consume a través de cigarrillos, sino del humo que inhala Ah Jie y que exhala en cada una de las bocas de las mujeres con las que se acuesta, convirtiendo ese Juego intimo de relaciones en algo que mezcla fantasía-el mundo virtual- con la realidad de sus víctimas de cama.
Llena de simbología sobre el sexo y la muerte, se puede apreciar como esta película es una extensión de la filmografía del director de Rebeldes del Dios Neón, y que, quizás, después de la muerte, tengamos ese mundo ideal lleno de placer hedonista del que de la soledad y del fracaso, Eros nos puede salvar.













